E-mail

Si quieres colaborar con la Asociación, participar en esta web o en la Revista de la Asociación (La Ventana Cultural), ponte en contacto con nosotros a través de nuestro correo electrónico
amigosdevillafranca (arroba) gmail.com

Doble o Nada

DOBLE O NADA

Zerebrodos era un ser normal y corriente, con sus defectos y sus virtudes, sus inquietudes y dificultades, sus sueños y sus realidades... Como todo el mundo. Conocía algunas cosas acerca de sí mismo, (su sensibilidad era muy peculiar), pero lo que no sabía era que dos fuerzas trataban de imponerse dentro de él.
Empezó a tomar conciencia de ello cuando en una etapa de su vida entró en una forma circular, que en principio creía ser una espiral con un final definido, y sin embargo, resultó ser un círculo cerrado que siempre volvía al mismo punto.
Durante meses Zerebrodos se fue replegando y aislando. Frente a las adversidades, el fracaso, el rencor y la desesperación, creó un mundo para él sólo, creyendo que estaría protegido de los agentes externos que erosionaban su vida. Sólo hablaba con quien creía que era Doña Razón. Su voz le decía: “No te preocupes Zerebrodos, no tiene que ser de ese modo, míralo por la otra cara, hay gente que está mucho peor...”
Para Zerebrodos esto no era suficiente y sus acciones físicas no atendían a Doña Razón y entró arrollando de forma estrepitosa, Doña Ficción, que se apoderó de su espacio interior.
Y Zerebrodos penetró en un círculo vicioso, donde se sentía prisionero de sí mismo, muy agotado, muy triste, muy desamparado, muy melancólico...
Fue entonces cuando empezó el conflicto y tomó el escenario con muchísimo peso, Doña Ficción.
Durante el día Zerebrodos sabía que la acción frenaba a la reflexión y por ello buscaba múltiples tareas, pensando que al caer la noche le vencería el sueño. Pero más allá de sus intenciones, Doña Ficción le acosaba por las noches, con un murmullo constante en su oído derecho que duraba días, al igual que sus jaquecas; ¡le faltó poco para imitar a Van Gogh!
Si conseguía dormir un poco, le despertaban las pesadillas, le picaba todo el cuerpo como si estuviese lleno de insectos, sentía muchos miedos y derramaba muchas lágrimas, atacaba a los más débiles y al igual que Don Quijote veía gigantes donde había molinos de viento.
Las “conversaciones” con Doña Ficción le martirizaban y Zerebrodos se convertía en un juez cada vez más cruel: - ¡No sirves para nada, eres un inútil, siempre te equivocas, haces daño a tu familia y encima te crees el centro del mundo!
Doña Ficción tenía amordazada a Doña Razón, había vencido, puesto que Zerebrodos, no dormía, no comía, no salía a la calle, creía que le observaban con cámaras en casa, que había un complot contra él, que le habían hecho fotos y que la gente conocía sus errores más íntimos. Los alimentos estaban adulterados y encontraba objetos en casa que los convertía en aquelarres o hechizos que habían formulado contra él. Nadie reconocía sus virtudes y valores, ni su familia, ni siquiera él... Se sentía en el más absoluto de los
desamparos, desorientado, extraviado en el color de la paleta más ausente de luz, no había persona en la faz de la tierra que lo entendiera.
En los momentos que Zerebrodos se intuía más lúcido, porque Doña Razón volvía a hablar con él, no era consciente que era Doña Ficción disfrazada; y aumentaban sus desvaríos. A pesar de su dejadez física, Doña Ficción, lo disparaba hasta hacerle sentir que podía ir en contra del mundo, se sentía poderoso; a pesar de que su imagen daba lástima, su vitalidad le hacía capataz para coger el mundo con sus manos.
Su mente funcionaba como esos trenes TALGO, todo amarillos y negros, que hacen mucho ruido y parecen enjambres de avispas que lo atacaban. Innumerables pensamientos se derramaban dentro de sí en un caudal que era imposible de cortar, inundando a Zerebrodos de alucinaciones y voces.
Era capaz de visualizar todos sus años de vida bajo un cielo en forma de puzzle, donde todas las piezas encajaban a la perfección, explicando sus experiencias y justificando su destrozada vida, excepto su culpa...
Incapaz de encajar en este mundo, con desidia y ajeno a todo lo que ocurría a su alrededor, cerró todos sus sentidos, incluso a sus necesidades más básicas. “¡Ojos que no ven corazón que no siente!” Fue entonces cuando por fin, un día, se agotó su fortaleza física, para que fuese atendido por profesionales, él lo había elegido así, en el momento justo que tenía que ser.
Y Zerebrodos con mucha desconfianza se dejó llevar por la fuerza más grande que existía en su interior, su gran capacidad humana, hacia si mismo y hacia los demás. En una sola palabra “supervivencia”. Su vaso se había colmado, no quedó otra alternativa, no cabía otra acción: “coger el toro por los cuernos”.
Empezó a visitar a galenos y curanderos; los diagnósticos que le dieron en principio le sonaban a chino, no tenía ni idea de lo que le ocurría, estaba como anclado en un punto, como si de un disco se tratase que no pasara de la misma pista.
Los fármacos tarapram, lirozepan, volaridol, tapakine y tontox sabían a pan; porque poco a poco: las nauseas, mareos, debilidad e insomnio fueron desapareciendo. Fue cogiendo fuerzas físicas pero Zerebrodos al mismo tiempo lloraba cuando levantaba la vista ante su familia, ante la televisión y sobre todo cuando se miraba en el espejo.
Pasaron dos años interminables, en los cuales, su caminar en esta vida se había bloqueado, su familia, sus amigos, su vida laboral... Era un libro en blanco, sin páginas, vacío...
Zerebrodos no tenía una profesión definida pero era muy trabajador. Lo que más le llenaba era robarle unas horas al día, a la semana, a los meses o a los años, para dedicarse a su pintura, ya no le frustraba no poder pintar, lo importante era no dejarlo. Pero los miedos continuaban, su estima se había reforzado pero había que comer todos los días y enfrentarse a la realidad.
Al igual que un pajarillo que pese a las inclemencias del tiempo, de los animales depredadores o de los niños que tiran su nido una y otra vez. Zerebrodos juntó sus pedazos de esperanza, los armó en su puzzle y volvió a arremeter en la vida.
¡Y entonces ocurrió!, consiguió ver que tenía dos armas magníficas con las que jugar en el juego de la vida: Doña Razón y Doña Ficción.
Ahora, su estima es grande, ya no se esconde, camina seguro, sin prisa pero sin pausa, trabaja de forma serena pero eficaz; y lo mejor de todo es cuando se mira al espejo y ve a un ser humano que aparenta diez años menos, (a pesar de un amplio mechón blanco en su frente). A Zerebrodos le gusta reír, de modo que empieza por él mismo, cuando recuerda algunos de sus desvaríos, y se dice: - “si en este mundo, todos los males fueran como los que yo he causado, no nos daría pena mirar nuestro planeta”.
Pero lo que Zerebrodos no descuida ni un solo momento, con lo que disfruta y crece como persona, es el juego que arbitra con Doña Razón y Doña Ficción. No las deja pelear, tan sólo las deja construir y divertirse.
Doña Ficción vive un realismo mágico donde pinta barcos en el cielo, parques de días soleados llenos niños con paraguas y botas de agua chapoteando charcos. Grandes extensiones de terreno nevados donde la nieve forma miles de colchones blanditos y calentitos para muchas personas. Puentes enormes construidos con miles de personas haciendo que el mundo sea de todos. Un planeta tierra donde los continentes son de pan, uvas y queso que saben a beso.
Zerebrodos deja que Doña Ficción produzca su ilusión con ayuda de Doña Razón poniendo color y luz donde escasea.
En la actualidad, Zerebrodos, deja que, Doña Razón, ponga la perseverancia, la coherencia, que no caiga en la desesperación si fracasa, a aprender del fracaso y del éxito, a perdonar y a perdonarse.
Cuanto más habla con Doña Razón la armonía crece en conjunto dentro de su ser, porque el campo de posibles caminos, se abre aún más. Las conversaciones son tan continuadas que poco a poco Zerebrodos descubre que Doña Razón y Doña Ficción son él y que sin ellas no podría ser como es.
Hasta aquí, Zerebrodos, ha puesto su mente lo más ordenada posible, no por ello debe confiarse porque el conflicto puede surgir de nuevo, pero ya lo conoce, sabe lo qué es y eso es un gran paso; no sufre, porque el que teme sufrir, sufre de temor; su ojos se han abierto al mundo y se llena con su luz y color.
Ahora que su vida no es anacrónica, que todo está archivado en estanterías de su mente, valora, aprecia y agradece la situación en la que se encuentra, a veces aparece su pasado y Doña Razón interviene:- ¿Qué es el pasado si no aquello que elegimos recordar? Elige no ocultarlo, aceptar lo que está roto y lo que no lo está, sentir el placer y el dolor; y confiar en que ha de pasar. Sabe que la felicidad está en el amor, en las pequeñas cosas de la vida cotidiana y en la libertad para dar y recibir.
Su nueva realidad le hace ser consciente de sus limitaciones y sus proyecciones, optando por aplicarlas con la certeza y la seguridad, de que es peor la pasividad a la actividad frente a su entorno.
Zerebrodos, alguna que otra vez, busca momentos para hablar con Doña Razón a solas, ésta le pone tareas para seguir trabajando. Y reflexiona con seguridad para reaccionar ante el mundo que le rodea: -antes de iniciar la labor de cambiar el mundo da tres vueltas por tu propia casa, hemos conquistado el espacio exterior pero no nuestro interior, la vida está hecha de momentos para disfrutar, a veces para sobrevivir.

La esperanza es sueño del hombre despierto.

Mª Belén López Valera

Conocimiento y Deporte de la mano

Conocimiento y Deporte actúan como emisor y receptor; nuestros libros, emisores, amados y odiados al mismo tiempo, son herramientas que ransfieren conocimientos de una mente a otra y el deporte la técnica que mantiene la salud física y mental como receptores de conocimiento.

El fomento de la salud, cultura y ocio se asocian al deporte como elementos fundamentales que no deben faltar en nuestras actividades y que nuestros representantes ponen a nuestro servicio en el ejercicio de sus deberes; por ello debemos estar orgullos de los progresos conseguidos en nuestro Municipio. A partir de ahora podemos disfrutar de un estupendo, magnífico, novísimo, esperado, deseado y merecido Campo de Fútbol en Villafranca. Nuestros hijos/as van a poder disfrutar de un sueño hecho realidad, para jóvenes que afortunadamente se les brinda nuevas oportunidades a su paso.

Por este motivo, quiero aprovechar la oportunidad para animar a padres y a hijos e hijas que nuestra forma de agradecer este importante hecho, sea que como educadores fomentemos y apoyemos a nuestros chicos y chicas que practiquen deporte y con ello no alimentemos la rivalidad, sino la competitividad, sin faltar al desarrollo de la preciada educación de los nuestros. Y paralelamente los jóvenes destinatarios deben ser conscientes que delante del televisor, juegos de ordenador, play station , ipod y otros sólo contribuyen al individualismo minorando el saber y cerrando oportunidades al disfrute de las relaciones en equipo, ya que considero que donde hay diversidad y variedad está el gusto de la diversión y de conocer.

La otra cara del deporte es “El Sacrificio”, con varias vertientes; por parte de unos los que consiguen los medios que permiten hacer uso de ello, y por parte de otros los que sufren el desgaste del esfuerzo y el desánimo de las derrotas.

Pero el sacrificio tiene su compensa en nuestra salud y nuestras victorias; vivencias que no podemos privar a nuestros hijos, que los harán crecer en los días que le tocan donde la oportunidad y la variedad banalizan el sacrificio como algo negativo, de modo que demos conciencia que todo en la vida requiere esfuerzo formando parte de nuestro crecimiento y desarrollo.

30 de Julio del 2009
Mª. Belén López Valera