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Carta Puebla de Villafranca de Córdoba


(el documento original se conserva en el Archivo Ducal de Medinaceli (Sevilla), Sección Priego. Legajo 25, nº 2)

Sepan cuantos esta carta vieren, como yo, don Pedro, por la gracia de Dios, rey de Castilla, de León, de Galicia, de Sevilla, de Córdoba, de Murcia, de Jaén, del Algarbe, de Algeciras, y señor de Vizcaya y de Molina; porque vos, Martín López, mi camarero y mi alcalde mayor en la ciudad de Córdoba, siendo mi criado y estando a mi servicio desde gran tiempo y conociendo la merced y el bien que vos me habéis hecho estando a mi servicio al tiempo que Córdoba y las otras villas y lugares de mi señorío se alzaron contra mí estabais a mi servicio y estuvisteis después aquí continuamente y me hicisteis muchos servicios buenos y leales al tiempo que el conde y el maestre de Santiago y los otros que se alzaron contra mí hacían guerra en mi tierra y hacían de cada día en esta guerra que yo tengo con el rey de Aragón.

Y ahora yo, para daros galardón de esto y por haceros bien y merced, tengo por bien que en vuestra heredad de Cascajar, que está en el término de la dicha ciudad de Córdoba, que vos comprasteis, que puedas poblar y puebles un lugar en el que moren 50 vecinos, el cual mando y tengo por bien que diga Villafranca.
Y este dicho lugar que vos pobléis así, que sea vuestro, libre y quito, para vos y para los que después de vos vinieren, para vender, empeñar, dar, cambiar, enajenar y para hacer de él y en él toda vuestra voluntad, así como si fuera vuestro.
Y además, que los dichos 50 vecinos que en dicho lugar vinieren a poblar, que sean vuestros vasallos solariegos y que hagáis la justicia criminal y civil y el mero y mixto imperio del dicho lugar de Villafranca que yo mando que pobléis.
Y que los dichos 50 vecinos y moradores, y sus mujeres y sus hijos, que sean quitos y excusados de todo pecho, pedido, moneda, velas, muros, fuerte, puente y de toda hacienda y tributo nombre hayan de pecho, igual que los vecinos y moradores en las otras villas y lugares de la frontera que me hayan de dar en cualquier manera.
Y además, que podáis poner, en el dicho nuestro lugar de Villafranca, alcaldes, merino, escribanos y otros oficiales que queráis; y vuestra voluntad sea así como cosa vuestra libre y quita.
Y que los alcaldes, alguacil, escribano y los otros oficiales que vos pusieres en el dicho lugar, o los que después de vos vinieren, que puedan usar los dichos oficios sin embargo alguno, como usan los otros oficiales de cada una de las otras villas y lugares de la frontera; y que las alzadas de los pleitos, así criminales como civiles, que acaecieren que sean ante vos y ante los que después de vos vinieren, y no para otro alguno.
Y además, por haceros mas bien y mas merced, tengo por bien que hagáis la dicha vuestra heredad dehesada por aquellos lugares y términos que la había don Fernando, obispo que fue de Córdoba.
Y que ninguno, ni ningunos entren en la dicha vuestra heredad a cortar leña o madera, o a pacer en ella, o cazar o pescar contra vuestra voluntad y sin vuestro mandado; y que a cualquier o cualesquiera que halléis cortando, paciendo, o haciendo daño alguno contra vuestra voluntad y sin vuestro mandado, que les prendáis por la pena que vos les pongáis.
Además, que los vecinos y moradores que moraren y vinieran a morar en ella, se aprovechen de los montes, pastos, dehesas y términos, y del río de la dicha ciudad de Córdoba; y usen de ellos así como usan cada uno de los otros vecinos y moradores de la dicha ciudad.
Y además, por haceros mas bien y merced, que los dichos vecinos y moradores en el dicho lugar de Villafranca, y sus mujeres y sus hijos y sus apaniaguados, que anden salvos y seguros por todas las partes de nuestros reinos con todas las cosas que llevaren o trajeren, sin sacar cosas vedadas fuera de los nuestros reinos. Y que no les sea tomada, ni prendada, ni embargada ninguna cosa de lo suyo por deuda ni fiadura que se haga ni se deba de un concejo a otro, ni de un lugar a otro, ni de un hombre rico a otro, ni de un caballero a otro, ni por otra razón alguna; salvo por su deuda conocida que ellos o cualquiera de ellos sobre sí hayan otorgado, siendo la deuda o la fiadora primeramente demandada y librada por fuero y por derecho por qué debe y como debe.
Y sobre esto mando a mi adelantado de la frontera y a todos los concejos, alcaldes, jurados, jueces, justicias, merinos, alguaciles, maestres de la orden, priores, comendadores y suscomendadores, alcaides de los castillos y casas fuertes y a todos los otros oficiales y aportellados de todas las ciudades y villas y lugares de mis reinos, y a mis cogedores y recaudadores y arrendadores de mis rentas y pecho y derechos que me fuere a dar en mi tierra, ahora y de aquí en adelante, que no prendan, ni tomen, ni embarguen ninguna cosa de lo suyo a los dichos vecinos y moradores en el dicho vuestro lugar de Villafranca, ni a sus mujeres, ni a sus hijos, ni a ninguno de los que moraren en el dicho lugar, más que amparen y defiendan a vos, el dicho Martín López, y a los que de vos vinieren, y a los dichos vecinos y moradores en el dicho vuestro lugar y a cada uno de ellos con esta merced que a vos yo hago.
Y que sin vos, ni pasen ni consientan contra ella, ni contra parte de ella en algún tiempo por ninguna manera que cualquier o cualesquiera que vos contra ella fuesen o pasasen pecharme y han en pena por cada vegada mil maravedíes, de esta moneda usual; y a vos, el dicho Martín López o a quien corresponda, todo el daño y el menoscabo que por ende recibieseis con el doblo, y demás a los cuerpos y a los que hubiese me tornaría por ello.
Y de esto, vos mandé dar esta mi carta sellada con mi sello de plomo. Dada en Almazán, 12 días de febrero, era de mil trescientos y noventa y siete años. Juan Alfonso la escribió por mandado del rey.

(el anterior texto nos ha sido remitido por Juan Castilla Mora)

2009, UN AÑO DE EFEMÉRIDES

Como ciudadano de Villafranca de Córdoba me siento orgulloso de la conmemoración que este 2009 realizamos, nuestra constitución como municipio; 650 años de historia son dignos de celebrar. Pero además este año también es especial por otros motivos, relacionados con la Ciencia, esa parte de nuestro patrimonio cultural tantas veces denostada e ignorada.

Por un lado se cumplen 400 años desde que Galileo Galilei apuntara por primera vez con un telescopio a nuestro cielo. Hasta ese momento la observación de estrellas y planetas sólo se había desarrollado a través de la atenta y desnuda mirada de muchos hombres y mujeres. La construcción del telescopio revolucionó la astronomía y nada volvería a ser igual. La importancia de este hecho radica en que Galileo ratificó con sus observaciones, y con mucha intuición, el modelo de Nicolás Copérnico, esto es, que la Tierra no era el centro del Universo, se trata de un planeta que gira junto a otros alrededor del Sol. Toda una revolución científica que cambió la imagen de nuestro planeta que había imperado desde la noche de los tiempos.

Por otra parte el 2009 nos trae otra efeméride de enormes repercusiones. Hace 150 años veía la luz, para muchos, la idea más importante e influyente desarrollada por la mente humana que se desarrolla en la obra “El origen de las especies”. En ella el británico Charles Darwin expone cómo las especies evolucionan mediante el mecanismo de la selección natural. Propuso así un modelo que explicaba la diversidad biológica, basado en una versión mecanicista de la Naturaleza. Aunque Darwin evitó hacer mención en su primera edición a nuestra especie, la conmoción que provocó en la sociedad fue tremenda. Con su concepción nos sitúo al mismo nivel que el resto de seres vivos y sometidos a las mismas leyes naturales. Galileo cambió la visión de lo celeste, Darwin lo hizo con la vida. Las mayores revoluciones científicas de la historia de la humanidad, cuyas consecuencias se extienden del ámbito científico a la concepción misma del ser humano y su lugar en la naturaleza.

La UNESCO declaró el 2009 año de la Astronomía y numerosas instituciones han preparado cursos, conferencias y otras actividades en torno a Darwin. También han sido recogidas estas efemérides en los informativos y periódicos, pero con un seguimiento por debajo del que les corresponden. Tradicionalmente el conocimiento ha estado ligado a una élite de estudiosos, sólo al alcance de unos privilegiados; y el conocimiento científico más aún. A esto hay que unir la tradición de nuestro país en relación a la Ciencia; los avatares históricos han hecho que España haya estado a la cola en aportaciones científicas y que haya existido un auténtico analfabetismo en estas disciplinas.

Inexorablemente el tiempo pasa y los cambios ocurren. Hoy vivimos en una sociedad donde el acceso al conocimiento no está limitado. Pero como sociedad somos víctimas de nuestra herencia y seguimos cometiendo errores. En la actualidad sigue sin potenciarse la Ciencia como parte esencial de nuestro patrimonio, incluso en los currículos oficiales que marcan las enseñanzas en nuestras escuelas e institutos. A cualquier persona se le tildaría de ignorante si no sabe quién escribió una conocida obra literaria o desconoce un relevante hecho histórico, pero no se le da el mismo valor si ignora qué es la fotosíntesis, el ADN o la tectónica de placas.

La formación de una sociedad no debe ser excluyente, debe ser integral. Las aportaciones de la Ciencia, como modelo de pensamiento, son innumerables, pero destacaría una por encima de las demás: nos permite acercarnos a la verdad del mundo que nos rodea desde el razonamiento y la revisión constante. La Ciencia nos hace más libres.


Andrés Alamillo Zamorano
Nuestro amigo Andrés Alamillo nos ha permitido mostrar sus fotos para disfrute de todos. Como se puede comprobar, es algo más que aficionado a la fotografía.

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